¿La contaminación lumínica afecta a los árboles? Cómo la luz nocturna puede alterar su ciclo natural

Árbol urbano expuesto a contaminación lumínica durante la noche en Madrid

Cuando pensamos en contaminación lumínica, normalmente pensamos en lo difícil que puede resultar ver las estrellas desde una ciudad. Pero la luz artificial durante la noche no solo cambia el aspecto del cielo: también modifica el entorno en el que viven numerosas especies de plantas, árboles, insectos y otros organismos.

En una ciudad como Madrid, donde el alumbrado público, los edificios, escaparates, vehículos y otros elementos generan iluminación durante buena parte de la noche, surge una pregunta interesante: ¿qué ocurre con los árboles cuando la noche deja de ser completamente oscura?

La respuesta no es que una farola vaya a “enfermar” automáticamente a un árbol. El efecto depende de la especie, la intensidad de la luz, el tiempo de exposición, la distancia a la fuente luminosa y otros factores ambientales. Sin embargo, cada vez existe más evidencia de que la luz artificial nocturna puede alterar determinados procesos naturales de la vegetación, especialmente aquellos relacionados con los ritmos estacionales.

Los árboles también tienen un reloj biológico

Los árboles, al igual que otras plantas, responden a los ciclos de luz y oscuridad.

La duración del día y de la noche proporciona información importante para regular diferentes procesos fisiológicos. Este sistema está relacionado con los ritmos circadianos y con la llamada fotoperiodicidad, es decir, la capacidad de utilizar los cambios en la duración de la luz como señal ambiental.

La llegada de la primavera, por ejemplo, está acompañada por cambios en la actividad de muchas plantas: aparecen nuevos brotes, se desarrollan hojas y comienza la floración de determinadas especies.

Durante el otoño ocurre el proceso contrario. Algunas especies reducen progresivamente su actividad, cambian de color y finalmente pierden sus hojas.

El problema aparece cuando durante la noche introducimos una señal luminosa que no existía de forma natural.

¿Qué es exactamente la contaminación lumínica?

La contaminación lumínica es el exceso o uso inadecuado de luz artificial durante la noche.

No significa que cualquier iluminación exterior sea negativa. Las ciudades necesitan iluminación para proporcionar seguridad, facilitar la movilidad y permitir el uso de determinados espacios durante la noche.

El problema aparece cuando la luz se utiliza con una intensidad, dirección, horario o distribución que genera efectos innecesarios sobre el entorno.

El propio Ayuntamiento de Madrid contempla criterios para reducir la contaminación lumínica dentro de sus recomendaciones de jardinería sostenible y plantea, entre otras medidas, diseñar el alumbrado según las necesidades de cada zona y diferenciar espacios de uso nocturno y diurno.

Esto es especialmente interesante cuando hablamos de parques, jardines y zonas con vegetación.

¿Cómo puede afectar la luz artificial a los árboles?

La luz nocturna puede actuar como una señal ambiental adicional.

Un árbol expuesto a una farola durante varias horas no recibe exactamente la misma información que otro ejemplar situado en una zona completamente oscura.

La intensidad del efecto puede variar considerablemente, pero las investigaciones realizadas durante los últimos años han encontrado asociaciones entre la iluminación artificial nocturna y cambios en la fenología vegetal, es decir, en el calendario de determinados acontecimientos biológicos.

Un estudio publicado en Nature Cities en 2025 analizó 428 ciudades del hemisferio norte y encontró que la luz artificial nocturna estaba relacionada con cambios en la duración de la temporada de crecimiento de la vegetación urbana. En el conjunto analizado, la iluminación nocturna tuvo incluso una influencia mayor que la temperatura sobre determinados cambios fenológicos, aunque los efectos variaron según el clima y las características de cada ciudad.

Esto nos lleva a un concepto muy importante:

La contaminación lumínica puede alterar el calendario natural de las plantas.

Efecto de la luz artificial nocturna sobre el ciclo natural de un árbol en Madrid

¿Puede una farola hacer que un árbol conserve sus hojas durante más tiempo?

En determinadas condiciones, sí puede existir una relación.

La caída de las hojas durante el otoño no depende exclusivamente de la temperatura. El fotoperiodo, la temperatura y otros factores ambientales participan en la regulación de la fenología.

La exposición nocturna a luz artificial puede modificar las señales que recibe la planta.

Una investigación publicada en Nature Communications en 2026 analizó casi 63.000 registros de campo correspondientes a 452 ciudades y encontró una asociación entre mayores niveles de iluminación artificial nocturna y un retraso en la senescencia foliar otoñal, es decir, las hojas podían permanecer verdes durante más tiempo.

Esto no significa que todos los árboles situados debajo de una farola vayan a conservar sus hojas hasta el invierno.

La respuesta depende de la especie y de las condiciones concretas.

Pero sí demuestra que la iluminación nocturna puede convertirse en una señal ambiental capaz de modificar determinados procesos del ciclo de las plantas.

La luz también puede influir en la llegada de la primavera

La relación funciona también al comienzo de la temporada de crecimiento.

Los estudios sobre fenología urbana han encontrado que determinados acontecimientos, como la aparición de hojas o el inicio de la actividad vegetativa, pueden producirse antes en las ciudades que en zonas rurales.

Tradicionalmente, parte de esta diferencia se ha relacionado con el efecto isla de calor urbano, ya que las ciudades suelen presentar temperaturas más elevadas.

Pero la temperatura no es el único factor.

La iluminación artificial nocturna también puede contribuir a modificar las señales ambientales que reciben las plantas. Investigaciones recientes han relacionado la luz nocturna con cambios en el momento de aparición de brotes y en la duración de la temporada de crecimiento.

Por eso, cuando estudiamos el comportamiento de los árboles urbanos en Madrid, tenemos que considerar que el entorno de una ciudad es mucho más complejo que el de un bosque.

Árbol urbano expuesto a luz nocturna que contrasta con su ciclo natural en Madrid

¿Y qué pasa con los árboles de Madrid?

Madrid es un excelente ejemplo de este tipo de entorno.

El arbolado urbano convive diariamente con:

  • Alumbrado público.
  • Edificios iluminados.
  • Tráfico.
  • Temperaturas elevadas.
  • Periodos de sequía.
  • Contaminación atmosférica.
  • Suelos compactados.
  • Poda y mantenimiento.
  • Superficies pavimentadas.

Todos estos factores pueden interactuar entre sí.

Por eso no sería correcto afirmar que la contaminación lumínica es por sí sola responsable de un determinado problema en un árbol.

La realidad es bastante más compleja.

Un árbol situado junto a una calle iluminada puede estar expuesto simultáneamente a luz artificial, calor urbano y limitaciones de agua, por lo que cualquier cambio en su comportamiento debe interpretarse teniendo en cuenta el conjunto de condiciones.

La contaminación lumínica también afecta al ecosistema alrededor del árbol

Aquí aparece otra cuestión muy interesante.

Un árbol no vive aislado.

Alrededor de él existen insectos, aves, microorganismos y otros organismos que interactúan continuamente con la vegetación.

La luz artificial durante la noche puede modificar el comportamiento de determinados insectos nocturnos y alterar sus interacciones con las plantas.

Por ejemplo, investigaciones experimentales han encontrado que la iluminación nocturna puede reducir las visitas de polinizadores nocturnos y afectar procesos relacionados con la reproducción de determinadas plantas.

Por tanto, el problema no consiste únicamente en preguntarnos:

“¿La farola afecta al árbol?”

También debemos preguntarnos:

“¿Qué efectos tiene esa iluminación sobre todo el pequeño ecosistema que rodea al árbol?”

¿Significa esto que debemos apagar todas las luces?

No.

La solución no pasa por eliminar la iluminación urbana.

La iluminación nocturna cumple funciones importantes y forma parte de la infraestructura de cualquier ciudad moderna.

El objetivo debería ser conseguir un alumbrado más eficiente y mejor diseñado, evitando iluminar innecesariamente zonas donde no hace falta.

Algunas estrategias pueden incluir:

  • Orientar correctamente las luminarias.
  • Evitar que la luz se proyecte directamente sobre las copas cuando no sea necesario.
  • Utilizar intensidades adecuadas.
  • Regular los horarios de iluminación.
  • Adaptar el alumbrado a las necesidades reales de cada espacio.
  • Evitar iluminación excesiva en zonas especialmente sensibles.

Madrid ya contempla criterios de este tipo dentro de sus recomendaciones para una jardinería sostenible.

¿Debemos preocuparnos si un árbol está junto a una farola?

No necesariamente.

La presencia de una farola cerca de un árbol no significa automáticamente que exista un problema.

Para valorar si un ejemplar está sufriendo algún tipo de alteración es necesario observar otros factores:

  • Qué especie es.
  • Cuánta luz recibe.
  • Durante cuántas horas.
  • Qué intensidad tiene la iluminación.
  • Si toda la copa está expuesta o solo una parte.
  • Cómo evoluciona el follaje.
  • Cómo se comporta el árbol durante las diferentes estaciones.
  • Si existen otros síntomas de estrés.

La observación durante varios periodos puede proporcionar mucha más información que una fotografía tomada en un momento concreto.

Árbol urbano iluminado durante la noche por una farola en Madrid

Los árboles urbanos necesitan algo más que agua y poda

Cuando hablamos del mantenimiento de árboles en Madrid, normalmente pensamos en riego, poda, enfermedades o estabilidad.

Pero comprender la relación entre el árbol y su entorno también es importante.

Un árbol urbano forma parte de un sistema en el que intervienen luz, temperatura, agua, suelo, aire y biodiversidad.

La contaminación lumínica es solo uno de esos factores, pero resulta especialmente interesante porque durante mucho tiempo se prestó poca atención a cómo la iluminación artificial podía modificar los ritmos naturales de los ecosistemas.

Hoy sabemos que la noche también forma parte del ambiente de un árbol.

Y alterar esa noche puede tener consecuencias.

Conclusión: los árboles también necesitan una noche natural

La contaminación lumínica es un fenómeno principalmente urbano, pero sus efectos pueden llegar mucho más allá de la visibilidad de las estrellas.

Los árboles utilizan la luz y la oscuridad como señales para regular diferentes procesos fisiológicos y estacionales. Las investigaciones más recientes muestran que la luz artificial nocturna puede modificar la fenología de la vegetación urbana, incluyendo el momento en que comienza o termina la temporada de crecimiento y la duración del follaje en determinadas condiciones.

En una ciudad como Madrid, donde el arbolado desempeña un papel fundamental en la infraestructura verde, entender estos procesos nos ayuda a mirar los árboles de una manera diferente.

Porque un árbol no solamente necesita espacio, agua y un buen suelo.

También necesita un entorno adecuado para seguir su propio ritmo natural.

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