Fitoncidas: las sustancias que liberan los árboles y cómo pueden influir en nuestro bienestar
Vivimos rodeados de árboles, pero pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que ocurre alrededor de ellos. Un bosque no solo está formado por troncos, hojas, ramas y raíces. Las plantas también liberan al ambiente diferentes compuestos químicos que forman parte de sus mecanismos naturales de defensa y comunicación.
Entre ellos se encuentran los fitoncidas, un término utilizado para describir determinados compuestos volátiles producidos por las plantas, muchos de ellos relacionados con sustancias como los terpenos. Algunos de estos compuestos están presentes en el aire de los bosques y contribuyen, entre otras cosas, al característico aroma que asociamos con determinados espacios forestales.
En los últimos años, los fitoncidas han despertado interés científico por su posible relación con algunos de los efectos positivos que se han observado cuando las personas pasan tiempo en entornos naturales.
Pero ¿qué son exactamente? ¿Qué árboles los producen? ¿Realmente pueden influir en nuestra salud? Y, sobre todo, ¿qué relación tienen con los árboles que encontramos en Madrid?
¿Qué son los fitoncidas?
Los fitoncidas son sustancias químicas producidas y liberadas por determinadas plantas. El término fue acuñado originalmente para referirse a compuestos vegetales con propiedades antimicrobianas, aunque actualmente la literatura científica utiliza también conceptos más amplios como compuestos orgánicos volátiles biogénicos (BVOC) para describir las sustancias volátiles que emiten las plantas.
Dentro de estos compuestos encontramos diferentes tipos de moléculas, entre ellas algunos terpenos y terpenoides.
Por ejemplo, en ambientes forestales pueden encontrarse compuestos como:
- α-pineno.
- Limoneno.
- 1,8-cineol.
- Otros monoterpenos y compuestos volátiles.
La cantidad y composición de estas sustancias depende de diferentes factores: la especie vegetal, la parte de la planta, la temperatura, la estación del año, la luz y las condiciones ambientales. Por eso, no todos los bosques tienen exactamente la misma composición química en el aire.
Además, estos compuestos tienen una función principalmente relacionada con la propia biología de las plantas. Pueden participar en mecanismos de defensa frente a herbívoros y microorganismos, así como en procesos de comunicación entre organismos vegetales y otros seres vivos.
¿Qué árboles producen fitoncidas?
Aunque el término puede utilizarse de manera general, algunos de los árboles más estudiados en relación con los compuestos volátiles forestales son las coníferas.
Los pinos, cedros, cipreses y otras especies pueden liberar diferentes terpenos al ambiente. En los bosques de coníferas, por ejemplo, el α-pineno puede representar una parte importante de los compuestos volátiles presentes en el aire.
Esto resulta especialmente interesante en Madrid, donde podemos encontrar numerosas especies arbóreas adaptadas al clima mediterráneo y continental de la región.
El pino piñonero (Pinus pinea), por ejemplo, forma parte del paisaje de numerosos espacios verdes madrileños y es una especie especialmente reconocible en la Comunidad de Madrid.
Sin embargo, es importante no caer en una simplificación: no significa que caminar junto a un pino tenga automáticamente un efecto medicinal. La composición del aire depende de muchos factores y la experiencia de estar en un espacio natural incluye mucho más que los compuestos que liberan los árboles.
¿Cómo pueden influir los fitoncidas en nuestro bienestar?
Aquí es donde el tema se vuelve especialmente interesante.
Diversas investigaciones han estudiado la relación entre la exposición a ambientes forestales y diferentes indicadores relacionados con el bienestar físico y psicológico. Algunos trabajos han observado cambios en variables relacionadas con el estrés, la actividad del sistema nervioso autónomo y determinados marcadores inmunitarios.
Una de las hipótesis estudiadas es que los compuestos volátiles presentes en el ambiente forestal podrían contribuir parcialmente a algunos de estos efectos.
Investigaciones sobre sustancias como el α-pineno y el limoneno han analizado posibles efectos biológicos relacionados con procesos inflamatorios, estrés y función neurológica. Sin embargo, la evidencia no permite atribuir todos los beneficios de los bosques exclusivamente a los fitoncidas.
De hecho, cuando una persona pasa tiempo en un bosque está recibiendo simultáneamente numerosos estímulos.
Está viendo vegetación.
Está respirando aire diferente.
Está caminando.
Está expuesta a menos ruido.
Está recibiendo estímulos visuales y olfativos.
Y, en muchos casos, está alejándose temporalmente de un entorno urbano.
Por eso, la ciencia considera que los beneficios asociados al contacto con la naturaleza probablemente son multifactoriales.
Fitoncidas y estrés: una de las líneas de investigación más interesantes
Uno de los aspectos que más atención ha recibido es la posible relación entre los ambientes forestales y la regulación del estrés.
Algunos estudios sobre shinrin-yoku, conocido habitualmente como baño de bosque, han encontrado asociaciones entre la exposición a entornos forestales y una reducción de determinados indicadores relacionados con el estrés, además de cambios en variables cardiovasculares y psicológicas.
En investigaciones experimentales también se ha estudiado la exposición a determinados compuestos volátiles procedentes de árboles, observándose efectos sobre algunos marcadores fisiológicos.
Esto ha llevado a plantear que los fitoncidas podrían ser uno de los mecanismos que ayudan a explicar parte de la relación entre los bosques y el bienestar humano.
Pero hay una diferencia importante:
Que exista una relación estudiada entre exposición forestal y determinados indicadores de bienestar no significa que los fitoncidas sean un tratamiento médico.
La investigación continúa y todavía existen diferencias importantes entre estudios en cuanto a especies, concentración de compuestos, duración de la exposición y condiciones ambientales.
Los beneficios de los árboles van mucho más allá de los fitoncidas
Cuando hablamos de árboles y salud, sería un error centrarnos exclusivamente en los fitoncidas.
Los árboles urbanos proporcionan muchos otros beneficios ambientales que pueden repercutir directamente en nuestra calidad de vida.
En Madrid, por ejemplo, el Ayuntamiento señala que el arbolado contribuye a mejorar la calidad del aire, regular la temperatura, reducir determinados contaminantes y mitigar el efecto de isla de calor. También destaca su relación con el bienestar físico y social de la ciudadanía.
Esto es especialmente importante durante los meses más calurosos.
Un árbol de buen tamaño puede proporcionar sombra y contribuir a generar un microclima más agradable en su entorno. Además, los espacios verdes ofrecen lugares donde caminar, realizar actividad física, descansar o simplemente desconectar del ritmo urbano.
Por tanto, cuando hablamos de beneficios de los árboles para la salud, debemos entender el fenómeno como un conjunto.
Los compuestos volátiles son solo una pieza del rompecabezas.
¿Por qué es especialmente importante hablar de árboles y salud en Madrid?
Madrid es una ciudad con un importante patrimonio verde.
Según información actualizada del Ayuntamiento, la ciudad cuenta actualmente con más de 6.400 hectáreas de parques y zonas verdes públicas, además de una amplia diversidad de árboles distribuidos por parques, jardines y otros espacios urbanos.
El arbolado forma parte de la infraestructura verde de la ciudad y cumple funciones ambientales que van desde la regulación térmica hasta la mejora de la calidad del aire y el fomento del contacto con la naturaleza.
Además, Madrid continúa desarrollando proyectos destinados a ampliar y conectar sus espacios verdes. Un ejemplo es el Bosque Metropolitano, concebido como una infraestructura verde de aproximadamente 75 kilómetros que busca contribuir a la adaptación climática, la restauración ecológica, la movilidad activa y el bienestar de la población.
Todo esto demuestra que hablar de árboles en Madrid no es únicamente hablar de jardinería o estética.
También significa hablar de calidad ambiental, biodiversidad, adaptación climática y bienestar ciudadano.
¿Todos los árboles tienen los mismos efectos?
No.
Cada especie tiene características diferentes y produce una combinación particular de compuestos volátiles.
Incluso dentro de una misma especie, la cantidad de compuestos liberados puede variar dependiendo de factores como:
- Temperatura.
- Radiación solar.
- Humedad.
- Estación del año.
- Edad y estado de la planta.
- Disponibilidad de agua.
- Estrés ambiental.
- Densidad de la vegetación.
La composición del aire forestal puede cambiar incluso a lo largo del día.
Por eso, no podemos decir que exista un determinado árbol que sea “el mejor para la salud” de forma general.
La elección de especies para un espacio urbano debe considerar muchos otros aspectos: adaptación al clima, disponibilidad de agua, tamaño, raíces, estructura de la copa, mantenimiento, biodiversidad y seguridad.
Cuidar los árboles también es cuidar nuestra calidad de vida
Un árbol sano puede proporcionar sombra, refugio para la biodiversidad, regulación térmica y valor paisajístico durante décadas.
Pero para que pueda cumplir correctamente sus funciones necesita un mantenimiento adecuado.
La poda debe realizarse cuando existe una necesidad técnica y siguiendo criterios adecuados para cada especie y situación. También es importante detectar problemas estructurales, enfermedades, plagas o defectos que puedan comprometer la estabilidad del ejemplar.
En determinados casos, una evaluación profesional del arbolado permite identificar riesgos que no siempre son evidentes a simple vista.
Esto es especialmente relevante en árboles de gran tamaño situados cerca de viviendas, caminos, vehículos o zonas de paso.
Cuidar el arbolado no significa únicamente mantener un jardín bonito.
Significa conservar un elemento vivo que forma parte de nuestro entorno y que aporta servicios ambientales durante todo su ciclo de vida.
Conclusión: los árboles son mucho más que un elemento decorativo
Los fitoncidas nos permiten descubrir una dimensión fascinante de los árboles.
Estas sustancias forman parte de la compleja química natural de las plantas y algunos de los compuestos volátiles presentes en los ambientes forestales están siendo estudiados por su posible relación con diferentes respuestas fisiológicas y psicológicas.
Sin embargo, los beneficios de los árboles para nuestra salud no pueden reducirse a una sola sustancia.
El verdadero valor de un entorno arbolado está en el conjunto: sombra, regulación térmica, calidad ambiental, biodiversidad, actividad física, reducción de estímulos urbanos y contacto con la naturaleza.
En una ciudad como Madrid, donde las temperaturas, el crecimiento urbano y la necesidad de espacios verdes son cuestiones cada vez más importantes, conservar y gestionar correctamente el arbolado adquiere todavía mayor relevancia.
Porque cuando cuidamos un árbol, no solamente estamos cuidando una planta.
También estamos cuidando el entorno en el que vivimos.
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